domingo, agosto 23

"Domingo 2 de junio
El tiempo se va. A veces pienso que tendría que ir
apurado, que sacarle el máximo partido a estos años que
quedan. Hoy en día, cualquiera puede decirme, después
de escudriñar mis arrugas: “Pero si usted todavía es un
hombre joven”. Todavía. ¿Cuántos años me quedan de
“todavía”? Lo pienso y me entra el apuro, tengo la
angustiante sensación de que la vida se me está escapan-
do, como si mis venas se hubieran abierto y yo no pudie-
ra detener mi sangre. Porque la vida es muchas cosas
(trabajo, dinero, suerte, amistad, salud, complicaciones),
pero nadie va a negarme que cuando pensamos en esa
palabra Vida, cuando decimos, por ejemplo, “que nos
aferramos a la vida”, la estamos asimilando a otra pala-
bra más concreta, más atractiva, más seguramente im-
portante: la estamos asimilando al Placer. Pienso en el
placer (cualquier forma de placer) y estoy seguro de que
eso es vida. De ahí el apuro, el trágico apuro de estos
cincuenta años que me pisan los talones. Aún me que-
dan, así lo espero, unos cuantos años de amistad, de
pasable salud, de rutinarios afanes, de expectativa ante la
suerte, pero ¿cuántos me quedan de placer? Tenía veinte
años y era joven; tenía treinta y era joven; tenía cuarenta
y era joven. Ahora tengo cincuenta años y soy “todavía
joven”. Todavía quiere decir: se termina"



La tregua

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