domingo, mayo 3

Estas 24 horas que pase lejos (ba, no tan lejos) de La Plata me hicieron bien. Necesitaba irme de acá, respirar otro aire, ver otras caras, caminar otras calles, pensar en otras cosas, en realidad NO PENSAR. (IGUAL HUBO UNA COSA QUE NO SALIÓ DE MI MENTE NI UN SEGUNDO). Está bueno a veces escaparse e irse a algún lado desconocido (o no) para replantearse cosas, plantearse algunas y desechar otras. Es genial poder romper con la rutina de siempre y volver renovada. No tener señal en el celular y, por ende, no preocuparse por mandar o recibir mensajes de nadie. Casi ni mirar la hora. No tener contacto con artefactos eléctricos (excepto la radio para escuchar el partido de EDLP). Tomar un café con el calor de una fogata y en buena compañía. Escuchar sólo el ruido del viento. Arrancar margaritas y decir me quiere, no me quiere. Sentarse y mirar las miles de estrellas que hay (que ahí se ven muchas más que acá en la ciudad). Y el atardecer que es el paisaje más lindo que puede haber (para mi).



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1 comentario:

azu dijo...

más tierna lo que escribiste ♥
pense que ibas a escribir, algo como lo qe hicimos y todo eso!
lindo finde,no?


te amo!